miércoles, 20 de abril de 2011

EL ENCUENTRO CON JESÚS CAMBIA LA VIDA

Queridos jóvenes de JMV, como Iglesia estamos viviendo el tiempo de la misericordia de Dios, el tiempo de despojarnos de todo aquello que no nos permite caminar libres como verdaderos discípulos del Señor. A este tiempo le llamamos “Cuaresma”: tiempo de preparación para celebrar con alegría el centro de nuestra fe: PASIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN DEL SEÑOR.

A liturgia cristiana, nos invita en este tiempo a encontrarnos con Jesús en el camino de la vida, encuentro que ha de producir en nosotros una “METANOIA”, es decir un cambio y transformación profunda de la mente y del corazón que nos lleve a pensar y a tener los mismos pensamientos y actitudes de Jesucristo.

El encuentro con Jesús de alguna manera inicia en la persona un proceso que conocemos con el nombre de seguimiento o discípulado cristiano. Este proceso tiene dos elementos importantes, el primero: que somos invitados a “Hacer Camino”, pero no solos, sino con Jesús; no a nuestra manera sino a la manera de él. Y, el segundo: estamos llamados a ir detrás de él para mirarle, escucharle, seguirle, porque sólo él es el que nos conduce por el camino de la verdad y la vida.

Algo importante que me llama la atención de los evangelios, es que Jesús no elige a las personas por lo que tienen y/o hacen, sino porque son personas y porque las ama. De allí que elija a gente de todo tipo: pescadores, cobradores de impuestos, pobres y ricos, honestos y pecadores. Hay muchos que lo acogen, pero otros que le rechazan como los maestros de la ley, fariseos y el joven rico, que sin querer se había creado su propio “dios”: el dinero, la riqueza.

Seguir a Jesús implica asumir algunas exigencias. La primera, ya ha sido mencionada, el cambio radical o metanoía que nos lleva a morir a nosotros mismos dejando el pasado para volver a empezar, algo así como borrón y cuenta nueva (conf. Mc8,34). La Segunda: estar dispuesto a enfrentar las dificultades, pruebas y persecuciones (conf. 15,20); Tercero: nos compromete con su reino siendo misioneros y testigos del Resucitado dispuestos a dejarlo todo por amor (conf. Mc 6,8; ;t 19,9-10).

Si bien es cierto el discípulado connota exigencias, humanamente también hay que reconocer que no somos perfectos y que por nuestra fragilidad caemos en la TENTACIÓN. Tentados a abandonar al maestro como pasó con los discípulos, de allí que el Señor les enfrentara con la interrogante ¿También ustedes me quieren dejar? (conf. Jn 6,67) o al estilo de Pedro que quiso rebelarse ante la perspectiva de la cruz (conf. Mc 8,33) y que luego de negar tres veces al maestro lo asumió en su vida, a la luz de la fe, con la frase:”Tú, Señor lo sabes todo, tu sabes que te quiero” (Jn 21,17)

Todo este itinerario en la que se experimentan alegrías y tristezas, desalientos y esperanzas, apunta a un fin: la santidad y salvación del discípulo. Sí Cristo murió por amor a ti y a mí ¿no deberíamos corresponder a tan grande gesto salvador?. En nuestras manos está. Seamos buenos discípulos, testigos de la nueva vida que el Señor nos ha dado y nos da cada día con su muerte y resurrección.

Que este tiempo de gracia nos ayude a enraizarnos en la persona de Cristo, para crecer en el amor a Dios concretizado en el servicio del más necesitado. María, nuestra madre, nos acompañe en esta aventura.

P. Arturo Aguirre Rojas C.M.

Director Nacional de JMV

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